Cartas a Gersa // Epistolario
I Abril, 1994 Hola querida, no sé si recuerdas como comenzó todo, déjame recordártelo: Fue en aquél solsticio de invierno cuando noté tu existir en ese vasto espacio del universo. Había caminado con los ojos vendados un par de años. Algunas veces solías mostrarme afecto que yo osaba rechazar. No me sentía a gusto aceptar algo que para mí, era extraño. Nos encontrábamos en cada pasillo sin nuestro consentimiento, nos topábamos en cada lugar al que íbamos y yo me hacía la idea de que aquello no era más que algo común que solía suceder, simples causas de algún efecto. Al paso de un tiempo noté que me hacías falta. Creo que de alguna forma tus abrazos y ese cariño sin mesura que solías entregarme aquellas tardes marcaron una pequeña parte de mi y te hice un pequeño espacio dentro de mi. Debo admitir que fuiste muy valiente al aceptar mi desprecio con tanto aprecio. Pronto comencé a hacerme la idea de que debía conocerte, supongo que...