Un viaje sin destino // Relato

Llegó a casa luego de haber estado inmerso en un pesado y abrumador día, todo lo que Dante deseaba era tomar un baño para luego recostarse.

Días antes, Dante había conocido una chica hermosa morena de piel, muy elegante, con ojos azabaches muy brillantes, tan oscuros como si su mirada contuviera un universo entero, inmensas galaxias y todo un infinito. Su piel era cálida y estaba aromatizada con cremas de suaves fragancias. Se notaba tan delicada, pero con la capacidad de hacer lo que sea para conseguir cualquier cosa. Se expresaba con maravillosa elocuencia, como si cada palabra hubiese sido creada con tanta magia capaces de significar algo más allá de lo que a simple vista nuestro entendimiento puede interpretar. Luego de un par de horas, Dante se encontraba persuadido por el movimiento de sus labios y su encantadora sonrisa.  Él se preguntó asimismo -¿Pude alguna vez disfrutar una sonrisa tan alegre y con desmesurada belleza?- Mientras ella seguía hablando, él la admiraba tanto que se comenzó a cuestionar porqué ella no ha sido nombrada aún la octava maravilla del mundo, tenía una disyuntiva entre si él estaba tan atónito por lo resplandeciente que era su esencia, o si de verdad el mundo era incapaz de percibir con su pobre y vacía vista, la perfección de su extenuante suntuosidad.




Ese día había regresado a casa pensando en ella.

Su almohada favorita estaba rellena de plumas de pavo real tan suave y deliciosa, y notó que había sido un día diferente para Dante, sentía su vibra resplandeciente y esa curva formada entre sus mejillas. Lo escuchó agradecer al mundo por haberle presentado a esa chica llamada Evangeline.

Esa misma noche, Evangeline le envió a Dante un mensaje de texto. Claramente era una invitación, ella deseaba escaparse con él muy lejos, ver otra realidad, pasar las horas del reloj en compañía del otro, sentirse y respirar el mismo aire. Dante aceptó. Ella era para él todo lo que alguna vez siempre soñó. 

Fueron a la estación de trenes y tomaron el último, no tenían destino alguno. Seguramente bajarían en cualquier lugar. Evangeline tenía la idea desde pequeña que todo aquello que no está planificado, es aún mejor. La adrenalina de querer vivir, de ser si misma, era todo lo que ella era junto a él. 

Algunas veces, desde pequeña Evangeline no actuaba con su verdadero ser, con su verdadera esencia pero con Dante todo era distinto. Sentía esa chispa en el pecho que la hacía expresarse libremente sin importar lo que él pudiera llegar a pensar, y eso era todo lo que a Dante hacía feliz, la vibración que ella transmitía cada segundo de cada minuto, su pureza.

Viajaron a un lugar donde la noche estrellada iluminaba cada esquina de la ciudad, polvoreando con pequeñas iluminaciones cada recóndito lugar.  El viento rebelde por la fría noche hacía embates a las ventanas sueltas de su seguro.  En una esquina se encontraba un café, los aromas producidos por el lugar arropaban toda la calle de una exquisita y deliciosa esencia. Se hospedaron en una habitación donde era capaz de sentirse la paleta de dulces y amargos olores del café, las luces de la habitación tenían poca intensidad, lograban verse el uno al otro para así disfrutar cada expresión, cada ademán. Cruzaban miradas afrodisíacas mientras sus corazones comenzaban a latir rápidamente. Se sentían como un par de adolescentes dejándose llevar por lo libido. Nada más importaba, tan sólo ellos, juntos, rozando sus pieles bajo el mismo cielo, bajo la misma realidad.

Dante colocó suavemente sus manos en las rojas y tersas mejillas de la chica, recorriendo cada centímetro de su rostro con besos lentos haciendo de su respirar un vaivén. Su hermosa cabellera rebelde intentaba interponerse ante el arropador cariño de Dante pero aun así, él no se detenía, seguía paseando su sublime rostro angelical con dulces y apasionados besos.

Habiendo besado sus labios carmesí sabor a miel y arropado por su rosado aliento, entró a un universo de cielo azul en el cual se sumergió, contenía infinitas galaxias, mundos y constelaciones jamás visto. Se tomó el tupé de admirar todo lo que era capaz de sus ojos ver, concluyó que dentro de ella podría encontrar lo que nunca antes alguna vez pudo imaginar, todo iba más allá de lo que la simple perspectiva es capaz de notar. Estaba asombrado de saber que dentro de un cuerpo tan pequeño podría contener un verdadero infinito. Se acercó al planeta más cercano y este se encontraba habitado por personas amorosas y felices, el calor era tropical, todo estaba rodeado de hermosa vegetación, palmeras gigantes minadas de cocos y guacamayas sobrevolando por el alto cielo. Se cruzó con una hermosa señora de cabello rizado y ojos cafés. La señora le habló sobre su vida y su eterno amor que alguna vez tuvo. Ella agregó una frase al final de la charla diciendo –La belleza en sí, está en el alma-. Los niños que correteaban las calles sonreían y deslumbraban con su gran inocencia. En su visita por el planeta, se encontró con un gigantesco felino de pelaje marrón claro y brillante, ojos naranjas, y atrapadores. El felino se dirigió hacia Dante y este perplejo ante él se quedó. Dante esperaba que se fuera, pero no fue así, el hermoso felino sólo quería decirle que: -El amor es la clave de la felicidad, y si estás aquí es porque finalmente has decidido abrir los ojos y ver lo esencial para vivir. Una fuente inagotable de amor propio y para repartir, pensamientos puros y libres es todo para tener plenitud en cualquier vasto universo. Ama y vive sin miedo que no hay nada más bonito que el sentir. Ama y deja ser. Ama tanto que la palabra pierda sentido. No ates por amor que ya eso es obsesión-. Dante comprendió que no existían límites en todos los sentimientos encontrados que Evangeline le hacía sentir. Ella no era más que una fuente inagotable de magia el cual aferrarse no sería más que un arte el cuál Dante jamás se cansaría de explorar y admirar.

Para Dante, muchos hablaban de amor en cuentos, películas y canciones. Todas las anteriores decían mucho pero a la vez tan poco, y nunca se comprendía hasta que de verdad sucedía, pero él creía que tan sólo un día las estrellas se alinearían y el cielo asentiría.





Beso a beso fue bajando por su cuello hasta llegar a su pecho, retiró su blusa con suavidad, subiéndola lentamente por su abdomen hasta su cabeza, asegurándose que la misma ya no la cubriese. Retomó su curso intentando contar cada centímetro que besaba pero la aceleración en la que su corazón se encontraba le hacía perder la cabeza, se sentía fuera de este mundo contemplando tan cálida y celestial piel canela.

-Oh Dios-

Fueron las palabras que dijo luego de haber pasado toda su vida creyendo en la inexistencia de algún dios. En cuestión de segundos comenzó a pensar las posibles razones de cómo un cuerpo tan perfecto, de cómo una simple mortal puede tener tal sublime belleza. Es como si los propios dioses hubiesen esculpido su cuerpo con la referencia de todas las diosas que alguna vez existieron, pero haciendo de Evangeline la más hermosa en comparación con ellas. Y la historia comienza cuando las diosas celosas por tal creación armaron gran disputa y reclamaron que tal magnificencia no podía formar parte de su círculo, que debía ser enviada a la tierra, con los mortales. Dante nuevamente pensó -Aquí estás, aquí te encuentras y aquí estoy yo, aquí me encuentro, recorriendo un infinito universo de incomparable pureza-.

Besó por completo cada parte de su abdomen y para asegurarse de no perderse, hizo un doble recorrido, y en la segunda vuelta marcó su piel con suaves sugilaciones. El cuerpo de Evangeline era todo un laberinto el cual él se había adentrado con mucha pasión.

Desabrochó su cinturón y seguido de ello, su pantalón. Lo retiró lentamente mientras admiraba las laderas de su cadera y sus muslos perfectamente balanceados en proporción. Era una barbaridad la forma tan elegante en la que el cuerpo de Evangeline atacaba con ardiente fuego y sensualidad la gran odisea que ofrecían los labios y las caricias de Dante.

El aroma de Evangeline le atontaba cada vez más, y poco a poco Dante se sentía dopado por el éxtasis que causaba la excitación de tenerla bajo su dominio. Él la tomaba cada vez más fuerte queriendo hacerla sentir suya por completo, mientras ella le correspondía con rasguños en la espalda y mordía así misma sus labios.

Subió y se acercó al oído de Evangeline, y susurró -Tanto en alma, cuerpo y mente, no eres más que una diosa en un cuerpo mortal. Daría algo de mi vida para que no ignoraras todo lo que pasa intensamente dentro de mi corazón que ya hizo lugar para ti, por todo lo poco que ha pasado y por lo mucho que aseguro pasará… Para ser una sola causa me produces demasiados efectos. Quiero escribir poemas en tu piel con mis labios y mis caricias. Es simple, quiero hacerte feliz, la clase de felicidad que mantiene tu alma cálida y en casa cuando el mundo que te rodea es gélido.-

Ella le miró y…

Dante despertó.

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