Crónicas de ética juzgada.


Amigo mío he venido a consultar el hecho del porqué has querido culparme sobre mis hechos si yo gratamente he sido el reflejo de tus actos. No cuestiono tus palabras, sólo tengo esa duda, creo que a veces no sólo debemos juzgar a otros, tampoco creo que debemos aceptar fácilmente lo que otro haya hecho pero es una injusticia que me culpes a mi sin ver, sin observar o sin querer recordar qué has hecho, supongo que pensarás que todo lo que has hecho, ha estado bien.

No he venido a pedir respeto, no, quizás para ti no lo merezco, desde mi punto de vista, si. Ayudarte, para ti fue un problema, que bueno que para mi no lo fue.

Bienvenido seas a mi vida, no porque te he permitido ingresar a ella, lograrás hacer desastres, equivocado estás. Dudo mucho que haya aclarado muchos puntos de vistas, pero dudo mucho que tú, hayas cumplido con tus palabras, claro estoy que mucho te has contradicho y eso ha sido más y más cada día; un día lograste decirme que cierto hecho estaba bien, al siguiente que estaba mal, para mi ha estado bien, para ti, simplemente no tienes claro ni que has dicho, tus pensamientos ordenados no están, has llegado a la frustración, yo he llegado a ella, la he manejado y no te juzgo por odiarme, no te juzgo por intentar hundirme, no te juzgo por intentar destrozar mi moral, mi ética, desde un principio tu desesperación te ha batido y destruido por completo, no sabes lo que es la paz cada noche, cada 5 minutos intentas crear una nueva manera de arreglarlo todo, pero cada vez que piensas te matas lentamente, te estás humillando. ¿Por qué no has llegado a estar presente éste día y te has hecho llamar mi hermano? Claro, existen tus razones lógicas, pero existen leyes de la vida que debemos cumplir y tu, tu has pasado por encima de ellas, espero que te vaya bien en tu camino, no te deseo ningún mal, no te agradezco nada pero hasta aquí todo ha llegado.

Adiós, querido amigo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un viaje sin destino // Relato

Es complejo... // Poesía en prosa

Amélie II // Cuento