Invasión mental.

Leandro, mientras en el mueble pensaba, intentaba dar respuesta a muchas cosas que por su cabeza pasaban, sabía perfectamente que pensar es lo más frustrante que existe, pero sabe que es el hecho que menos puede dejar de hacer.

Un mal necesario buscaste, lo encontraste y en él te refugiaste. 


No hubo manera, no encontró la forma de hacer que todo eso por un momento se dispersara y simplemente lo dejaran. Recordó que contenía en su pequeño bolsillo del pantalón una caja de cigarrillos, sabía que era el momento perfecto de usarlo, inhalar de ello y dejarlo salir, que el humo fluyera bajo la común manía del viento y todo comenzara a estar tranquilo nuevamente. 

Ha llegado alguien justo donde él estaba fumando. Leandro, creía que estaría solo y dejaría que nuevamente todo lo incómodo se fuera sin encontrar una forma de desahogo exacta, sino a su manera. Existió una pequeña conversación entre ellos dos;

-¿Qué haces aquí?-Preguntó ella con mucha tranquilidad, mientras encendía un cigarrillo-
-Por lo que ves, estoy fumando, intento distraerme y tranquilizarme-respondió de la misma manera en la que ella preguntó-
-Yo no puedo fumar, pero aún así igual lo hago, de algo me tengo que morir algún día-Dijo ella con un poco de inquietud en su mirada-
-Y yo no puedo ingerir alcohol, pero aún así igual lo hago, de algo me tengo que morir, ¿no?-Él insinuó con sarcasmo-
-Pero de igual manera no puedes hacerlo, estás mucho peor que yo...
-A nadie le importa.-dijo Leandro con mucha seguridad-

Tras esa pequeña discusión, su más grande vivencia llegó a su mente y lo consumió, siendo dominado por la tristeza e inclusive unas palabras logró decir:
-Sé que fumar no me ayudará en nada, sé que ingerir alcohol me puede matar e incluso lo hago, sé que todos los actos que he cometido han sido indebidos pero incluso cuando crees que puedes tener a alguien, no está ahí para ti. Sabes que existen muchas personas, que nunca estarás sólo, pero muchas personas no están, sé que no hay necesidad de tomar refugio en ésto, y es lo que hago.-

Aunque él, por unos segundos no estuviese consciente con exactitud de todas las palabras dichas, sabía por experiencia propia que ella estaba ahí con él, una completa extraña compartiendo lágrimas, alguien quién, en una noche logró sacar mucho cuando estaba bajo la nostalgia, alguien que ofreció su hombro donde llorar.

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