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Mostrando entradas de 2020

Amélie II // Cuento

Máximo terminó de escribir, tomó su ropa, miró directo hacia Amélie, se acercó y le susurró una última cosa a su oído: Amélie. Pasadas varias horas, Amélie despertó. Buscó a Máximo por toda la habitación y no lo encontró. Ella notó que sobre la mesa había una hoja con varias cosas escritas, y lo leyó:  “He pintado de blanco las paredes de mi cuarto. Tomé varios cuadros, los enmarqué y los coloqué en la pared. Cada uno de ellos tiene en sí, épicos momentos en los cuales ambos hemos sido los protagonistas, y para agregar, he compuesto distintas canciones adecuadas a ellas. He escrito más de lo que alguna vez había podido hacerlo antes, pero no logro sentirme como alguna vez lo hice en aquellos instantes de un imponente y perenne  amor.  He fallado al intentar demostrar con palabras un poema encarnado en una brillante y preciosa piel como la tuya. He fallado al intentar enmarcar en un papel el sublime sentir de un momento ya pasado. He fallado al jamás demostrarte cuánto te ...

Amélie // Cuento

I Eran apenas las 4 de la tarde, el cielo seguía nublado por inmensas nubes blancas y mansas e inundadas de agua. Piano a piano las nubes se desvanecían, el agua poco a poco caía de ellas como gruesas y frías gotas. Me preguntaba  cuánto tiempo tardarían las nubes en desvanecerse , para que así la lluvia desapareciese junto a ellas; cada que una terminaba, aparecía otra y no paraba de llover a cántaros. Los techos vibraban, el suelo emanaba un gran vapor que empañaba los vidrios, y yo me encontraba justo al frente de todo esto. Hacía apenas unas horas que había llegado al aeropuerto, iba rumbo a otra ciudad. Desde hace mucho no viajaba, nunca antes me había tomado el tiempo para descansar. El trabajo que tenía era arduo y prefería estar concentrado en ello, aunque esta vez tomé la decisión de ir a una ciudad fría. Amaba los lugares fríos, así que tomé algo de los ahorros y quise ir hacía allá: Mérida. Las nubes no paraban de llorar. Pedía con gran desconsuelo al cielo que ced...

Medianoche // Prosa

A veces quizás, sólo estoy retumbado en esta cama, sin pensar en absolutamente nada, viviendo de una imaginación que sólo para mí es real. Quizás porque siento que hoy lo he perdido todo. Tu alma era el epicentro de mi arte, de nuestra épica constante, que algún día se convertiría en la constelación más hermosa de la cual muchos filósofos muy pronto hablarían. La alegoría de mi alma se refugiaba en el dolor solemne que impartían mis entrañas al tener en mi mente tus recuerdos de una mañana ya pasada. La ira se posaba y fecundaba, la rabia, la impotencia, la ansiedad y muchas desgracias que desequilibraban mi alma, como fuego que aclama extinguir todo al invadir con sus rebeldes llamas. He vencido lo sublime de mi alma, adentrándome en asquerosas mañas, reposándome en marañas que me dañan; he vencido la pureza de mi ser, con el desasosiego del pensar que tu alma ha abandonado la mía en apenas, a -ún- minuto, de medianoche; he vencido lo que no había existido hasta haberte conocido,...