Medianoche // Prosa
A veces quizás, sólo
estoy retumbado en esta cama, sin pensar en absolutamente nada, viviendo de una
imaginación que sólo para mí es real. Quizás porque siento que hoy lo he
perdido todo.
Tu alma era el epicentro
de mi arte, de nuestra épica constante, que algún día se convertiría en la
constelación más hermosa de la cual muchos filósofos muy pronto hablarían.
La alegoría de mi alma se
refugiaba en el dolor solemne que impartían mis entrañas al tener en mi mente
tus recuerdos de una mañana ya pasada. La ira se posaba y fecundaba, la rabia, la
impotencia, la ansiedad y muchas desgracias que desequilibraban mi alma, como
fuego que aclama extinguir todo al invadir con sus rebeldes llamas. He vencido
lo sublime de mi alma, adentrándome en asquerosas mañas, reposándome en marañas
que me dañan; he vencido la pureza de mi ser, con el desasosiego del pensar que
tu alma ha abandonado la mía en apenas, a -ún- minuto, de medianoche; he
vencido lo que no había existido hasta haberte conocido, y ahora que te has ido, te lo has llevado; te
has llevado contigo la paz que me habíais alguna vez otorgado.
¡Vuelve, por favor vuelve! Te prometo el sol salir por la mañana, y las estrellas brillar como luciérnagas
que sobrevuelan por las costas de un lago azul muy oscuro; si has de volver, te
juro que esta vez quizás lo haga bien, pero la vergüenza me impulsa, y me apena
decirlo, que ahora la épica será solemne, pero marchita, como cicatriz que sangra,
que, de momento sana, pero deja marca.
Si -a veces-, fuese
siempre, entonces a veces sólo estoy retumbado aquí en mi cama, sin pensar en
absolutamente nada, viviendo de una imaginación que sólo para mí es real.
Quizás porque siento que, sin ti, alguna vez lo tuve todo.
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